sábado, 24 de diciembre de 2005

Ladridos en la mar

Su nombre es Beatriz y tiene miedo de la mar. Cuando era niña sus padres decidieron hacer un viaje a las playas de Acapulco, tenían la idea de que a Beatriz, de cuatro años, quedaría encantada con las olas, el sol y la arena. Sin duda el viaje marcó su vida, sin duda aquellas vacaciones, las primeras en su vida, serían las que recordará hasta el fin de sus días. Llegaron al estado de Guerrero en avión, un viaje de Aeromexico, desde el Distrito Federal, más un breve recorrido en autobús, hasta un hotel con vista al mar atestado de turistas rojísimos por la sobreexposición al sol, sumaron un total de dos horas con todo y retrasos.
Al llegar al hotel, Beatriz estaba confundida y nerviosa entre tanta gente, de alguna manera sabía que algo no estaba bien. No sabía por qué, pero su piel se sentía extraña, demasiado húmeda, sus ojos resentían mucho más la luz del sol reflejada en el mármol lustrosísimo del lobbie. Su madre y ella se internaron en el baño de la planta baja mientras su papá confirmaba las reservaciones y se encargaba de que todo estuviera en orden. Beatriz no quitaba la mirada de su padre mientras se alejaban y perdían entre maletas, bultos y ¨güeros que hablaban como ladridos de perro". No Bety, no ladran, hablan otro idioma, explicaba su mamá mientras le cambiaba el pantalón por unas bermudas azul turquesa y sus zapatos por unas sandalias en uno de los cubículos del baño de mujeres. ¿Y ellos entienden lo que nosotras decimos? Preguntaba Beatriz Puede ser que algunos, pero otros no. Terminó por decir su mamá. Salieron del baño, regresaron al lobbie. La recepcionista les informó que su esposo había ido ya a la habitación y que pidió que lo alcanzaran en cuanto pudieran. Beatriz miró las palmeras y el cielo azulísimo a través de la gran puerta de cristal del hotel. Se encaminaron hacia el elevador, su mamá picó el botón de flecha abajo y esperaron un momento. El elevador se abrió dejando salir un alud de gente, Beatriz se escondió trás su madre y luego entraron, con ellas un montón de gente entró también. Pasaron por el primer piso, bajo algo de gente, pasaron por el segudno y nadie bajo, finalmente llegaron al tercero y bajaron. Buscaro la habitación 320. Empezaron a caminar por un largo corredor con muchas puertas. ¿Qué hacemos aquí mamá? ¿Dónde está mi papá? Preguntó Beatriz. Esto es un hotel ¿recuerdas que te hablé de ellos? Aquí vamos a dormir unos días y tú papá está en nuestro cuarto. El pasillo le parecía larguísimo, caminaron y por fin llegaron a su habitación. La puerta estaba entre abierta. Entraron. Beatriz empezó a husmear con desconfianza. De una puerta cerrada se escuchaba el ruido de la regadera. Beatriz se paró frente a la puerta de entrada, frente a sí había un ventanal grande con cortinas blancas batidas al viento y a través de ello podía mirar el mar, tan azul, el sol entraba con tal intensidad que era necesario entre cerrar los ojos para no quedar ciego. Beatriz miraba el horizonte de azules en competencia cuando escuchó la voz de su madre ¿te gusta? Beatriz asintió con la cabeza sin decir palabra. Te lo regalo. Voy por él. Vio a su madre ser tragada por el azul del mar y escuchó los ladridos nuevamente.

sábado, 17 de diciembre de 2005

Profecias

De ojos grises, como los de un gato y piernas largas con rodillas redondas, como las de las infames cigüeñas de Alcalá; con nariz larga como la de Pinocho, con todo y las horribles mentiras, será.
Si acaso la vida se reduce a un montón de tristezas, si acaso el recuerdo está condenado a desaparecer –o nos condena a olvidar –si acaso los cachorros siempre lloran de frustración y de tanto extrañar las tibias tetillas de sus madres, si acaso todo eso: ¡que venga más!

viernes, 2 de diciembre de 2005

Cruzada: todos con Alberto Espejel

Recientemente, ayer para ser exactos, dos de las princesas y yo nos dimos cuenta de lo "amable y buen pedo" que es Alberto Espejel: comentarios atinados, que hacen sentir bien, medidor seguro de lo pésimo que estamos escribiendo, fiel lector y comprometido comentarista.

Así que con esta "Cruzada: todos con Alberto Espejel" queremos rendirle un homenaje en vida a quien con sus comentarios nos hace creer y sentir que los blogs ¡viven, viven!

lunes, 28 de noviembre de 2005

El Hierofante (fragmento)

¡Anticristo de sal y delirante,
partí la cruz en que morir pudiera!
¡Mas no compadezcaís al Hierofante!

-Germán Pardo García

martes, 22 de noviembre de 2005

¿qué será?

Estos últimos días me he sentido muy extraño: no mal; porque aun me puedo reir de cualquier cosa, ni enojado ni deprimido, es sólo que tengo esta sensación en el estomago, este sentimiento que me desconcentra por momentos, como si todos los ruidos tuvieran que ver conmigo, como si todas tragedias hablaran de mí, como si el reflector de un gran teatro me siguiera, expectante, para presenciar mi gran actuación. Es un poco paranoía, es un poco miedo, lo cierto es que no me deja dormir.

jueves, 10 de noviembre de 2005

senectud

Quiero tener manos de anciano,
para sostener lotos entre los dedos;
quiero tener ojos de anciano,
para mirarlo todo a través de nubes,
para ver
y
sentir el cielo.

lunes, 7 de noviembre de 2005

la traducción

La gente me aconseja que escriba una traducción del anterior post, pero probablmente no lo haré ¿Hay traducción que valga? ¿Hay taducción que salve el ritmo de este canto? Que originalmente debe estar en hebreo, sin embargo, este en latín tiene mucha musicalidad. Si quieren leer el texto en castellano encuéntrenlo en su biblia casera...

jueves, 3 de noviembre de 2005

eclesiástico 24:13-15

Quasi cedrus exaltata sum in Libano, et quasi cypresses in monte Sion. Quasi palma exaltata sum in Cades, et quasi plantatio rosae in Jericho. Quasi oliva speciosa in campis, et quasi platanus exaltata sum juxta aquam in plateis. Sicut cinnamomum, et balsamum aromatizans odorem dedi: quasi myrrha electa dedi suavitatem odoris.

lunes, 31 de octubre de 2005

En estos días mi madre no me habla. Sin una explicación convincente, mi madre ha dejado de dirigirme la palabra, asumo que es por cierto criterio que tiene sobre mis hábitos alimenticios, en verdad no lo sé. Cuando se pone así es símplemente imposible de tratar, anda de aquí para allá hablando con todo mundo, cantando, silbando o sentada en el comedor leyendo cualquier cosa, únicament ignorándome a mí. Desde que tengo memoria ha hecho este tipo de cosas conmigo: ignorarme. Y estoy casi seguro que lo ha hecho muchas más veces conmigo que con cualquiera otro de mis hermanos. A pesar de lo que todo mundo diga, por eso y otras razones, yo no soy ni puedo ser "el favorito" de mi mamá.

miércoles, 26 de octubre de 2005

fiesta

La cita era “después de las nueve”, el primer convidado llegó a las nueve treinta y todo estaba listo ya. La mesa y las diez sillas que se rentaron para la reunión habían llegado desde las tres de la tarde y los entremeses estaban recién salidos del horno: rebanadas de pan con salsa boloñesa, una rebanada de queso encima y bañados con aceite de oliva. Una delicia. Sobre la mesa pusieron un mantel azul marino; algunas bebidas estaban enfriándose en el refrigerador, otras dentro de una hielera y los refrescos estaban sobre la mesa –¿no será mucho? –preguntó Esteban –¿qué tal si ellos traen más? –siguió. Pues lo guardamos –sentenció Fulano.

Esta noche se reunirían para darle la despedida a Fulano, quien se iba a hacer su maestría en estudios latinoamericanos a la sureña ciudad de Buenos Aires. La música estaba programada de tal manera que todos se sintieran cómodos con lo que escucharían: sones cubanos, salsa, boleros, tangos y por supuesto, mucho jazz. Todos los convidados, por diversas razones, eran amantes del jazz, así que no había error: a todos les gustaría la música. Todo iniciaría con un brindis de Concha y Toro, para finalizar con muchas cervezas.
Era una de esas noches de diciembre que se ponen cada vez más frías conforme avanza y por eso, decidieron que sería buena idea poner el calefactor en un rincón de la sala, para que el frió no hiciera estragos en el ánimo de la reunión. Miguel –el primero en llegar – se ofreció a sacar las bebidas que estaban en el refrigerador, Esteban mientras tanto traería las copas –quince, por si llega algún colado –dijo provocando la risa de Fulano y de Miguel. Cerca de las nueve cuarenta y cinco se escuchó afuera el ruido de un motor que inmediatamente cesó. Súbitamente sonó el timbre. Fulano, que hasta ese momento estaba acomodando las sillas alrededor de la sala, se apresuró a atender la puerta. ¡Hermano! –Un efusivo saludo entró por la puerta y se apoderó de toda la casa –¿cómo que te nos vas a la tierra de Gardel, de Borges y de Martín Fierro? –y no olvides a Perón –interrumpió Fulano. Hubo un estallido de risas acompañado de un entrelazamiento de cuerpos. Eran Isaac y su esposa Rebeca. Todos entraron a la casa y se dirigieron a la sala, antes de que se instalaran en el sofá, otro automóvil se estacionaba –¿quién será ahora? –preguntó Fulano buscando con la mirada a Esteban –iré a ver –respondió este. De un coche blanco bajaron tres personas. Conducía Lucinda, antigua amante de Fulano, la acompañaba su hermana, Josefa, quien en tiempos pasados fuera compañera de estudios de Esteban y con ellas venía “el Gordo”, el bufón del grupo. Ya eran las diez y diez de la noche o, mejor dicho, las veintidós horas y diez minutos de la noche. La noche buena había pasado hace dos noches el año nuevo estaba a cuatro noches de llegar. Las calles no estaban tan transitadas como cualquier fecha, en el aire se respira la nostalgia de los días que no han de volver. Pero para Fulano la nostalgia acabaría pronto.
Cuenta Esteban que Fulano era una de esas personas que te llevaban a los extremos –lo amas o lo odias –dijo en entrevista. –Él siempre tuvo un humor muy especial: encontraba los pequeños defectos de la gente y los magnificaba frente a sus ojos. La mayoría lo entendía, pues todos éramos adultos y habíamos compartido tantas cosas ya, que cualquier cosilla era insuficiente para ofendernos, es más era debido a su humor que muchas personas lo apreciábamos. Nunca creí que alguien le hiciera algo tan bajo y peor aun, que fuera uno de nuestro llamados “amigos”.
De la universidad de Buenos Aires llegó, fechada veinte de enero de 2005, una carta en la que se notificaba al Licenciado Fulano de Trapo, que había perdido los beneficios de su beca por no presentarse en las fechas acordadas a la Coordinación de Relaciones Exteriores para dar de alta su matrícula. En las manos de Esteban, el papel parece un pañuelo con el que se ha limpiado las lágrimas del último mes. Su semblante es oscuro y decaído, los codos, apoyados en la mesa de la misma sala de aquella fiesta, apenas si sostienen su cabeza oval, el cigarrillo en la mano derecha, despide volutas de humo que se elevan como incienso sagrado. Cuando Terminó mi encuentro con Esteban –todo esto, como dicen los gringos, off the record –cuando apagué mi grabadora, él rompió en llanto, llamando a su recién muerto amigo, maldiciendo las botellas de vino y cerveza que vuelven a todos un manojo de bestias, maldiciendo la era de bronce y la invención de herramientas y cuchillos, maldiciendo la vida y maldiciendo a la muerte. Sus últimas palabras, antes de sacarme del lugar a empellones y agradecer mi visita fueron: “pinche Gordo, siempre fuiste tan pendejo”.

recuerdo de las flores sembradas en mi jardín

En mi jardín trasero hay una flor silvestre, en medio del césped, sola, amarilla, ridículamente buscando el sol en la noche. Desde la ventana de mi cuarto, que tiene vista a ese jardín, la veo, desproporcionada en sus dimensiones: hojas grandes, verdes, periformes y alargadas; tallo pequeño y delgado. La flor destella en la noche con un brillo que me recuerda al sol matutino de los inviernos meridionales, me trae recuerdos de otras flores, más grandes, pero menos amarillas, me trae, finalmente, el recuerdo de ojos que han brillado con ese amarillo frente a sí, con la mirada fija en flores tan amarillas como esta, ojos que, a pesar de tener el color glauco de los tallos, se iluminan de sol con el sol diáfano de los inviernos mediterráneos enraizados en mi jardín trasero.

jueves, 13 de octubre de 2005

a todos

Señores:

Heme aquí sin mucho qué decir, heme aquí compartiendo un momento sórdido, heme aquí con el ánimo distraido y la mente difusa...

miércoles, 28 de septiembre de 2005

milagritos

En todas las iglesias hay santos: san José, san Pedro, santa Catarina, san Pablo, san Ignacio, santa Isabel, san Judas, en fin, todos los santos clásicos y hay otros santos endémicos como san Juan Diego en el caso de México. Precisamente es aquí, en México –desconozco si la actividad se realice en otro país, es muy probable que sí –se tiene la costumbre de colgarles a los santos milagritos o, mejor dicho, mandas que son una especie de agradecimientos por algún favor recibido o bien promesas que se hacen a tal o cual santo y que se materializan en pequeños dijes con la forma o silueta de niños, hombre mayores, parejas, o bien, la parte del cuerpo por la que se pide el favor, la mayoría de los casos, sanación: una pierna, un brazo, etc. Son bien conocidos los casos específicos de san Antonio (el que está cargando al niño) a quien se acostumbra colgar listones rojos para conseguir novio o san Judas Tadeo, a quien se le asocia con la bienaventuranza en el trabajo.

Lo anterior lo reflexioné hoy cuando caminaba por el centro; debo, para esto, explicar que desde hace un par de meses he estado haciendo un ejercicio bastante peculiar: me he dado a la tarea de recoger cuanto clip para hojas encuentro o, mejor dicho, se me aparece en la calle. Sí, contrario a lo que se podría pensar, la gente pierde muchos más clips para sus hojas de los que imaginaríamos; grandes, pequeños, muy pequeños, etc. De todos tamaños y en todas partes hay clips abandonados: olvidados en las intersecciones de las lajas de las banquetas, entre los adoquines del arroyo vehicular, en los baños, en las bancas de los parques ¡hasta en los bares! ¡Cuántos clips hay por las calles! Así pues, yo los recojo en cuanto los veo. Algunos brillan, por extraños fenómenos visuales, con la luz del sol o de alguna luminaria, otros están ahí opacos entre pelusas y motas de polvo, otros mojados por extraños fluidos de los cuales no quiero ahondar en su procedencia y otros simplemente están, sin pena ni gloria.
Entonces hoy, mientras recogía uno, pensé en el por qué de mi actividad, llegué a la cuenta de que yo también estaba cumpliendo una manda, que el destino de esos clips para hojas –cuyos antecedentes serán motivos de posteriores comentarios: ¿de quién eran, quién se lamentó por su pérdida, qué problemas causó y por qué terminaron botados donde yo los encontré? –era ser entregados a una especie de ser etéreo, un numen físico-metafísico para agradecer por favores recibidos y para pedir beneficios para mí. La diferencia principal es que mi templo no es una iglesia, que a quien se los cuelgo no es ningún santo, clásico o endémico, adorado por todos, sino uno adorado sólo por mí, su manto no es un manto único y totémico, su manto es una cartera y el mote que lleva, es el del niño dios.

Espero que mis plegarias sean escuchadas, que mis ofrendas sean agradables y bien recibidas para que, de esta manera, pueda seguir con mi actividad, con mi tarea: con mi manda.

miércoles, 21 de septiembre de 2005

efectos

Lejos de todo, lejos del ruido y el bullicio de la ciudad, de las voces molestas y las risas insolentes, mi vida no es más que un suspiro del hálito divino, no es más que un molesto de ja-vu en la memoria del universo.

jueves, 8 de septiembre de 2005

la cara que conocí, la voz que escuché

FFyL

En situación como esta quisiera ser un virtuoso de la palabra para cantar una gran oda, dar rienda suelta a los sentimientos y llenar una página eterna en la memoria de la humanidad, elevar su nombre a la altura de los sempiternos númenes y hacerlo permanecer ahí; pero no lo soy, no lo soy y no puedo. Creo que jamás me había sentido como hoy, en verdad, me llena de tremendo pesar, me sobrecoge y me sobrepasa. Yo trato de no recordar, pero las imágenes de ese rostro y los timbres de esa voz, se presentan en mi mente, dejando un espacio vacuo donde la noche cae con su frío manto.
No soy ningún virtuoso y no puedo cantar una gran oda, sólo puedo cerrar los ojos, tocarme la barbilla y pensar: ¿dónde están sus pensamientos ahora?

con mucho pesar: Puebla, nueve de septiembre de dos mil cinco

miércoles, 24 de agosto de 2005

sabiduría

"sea maldito quien te maldiga y bendito quien te bendiga"
Génesis: Cap. 27 Ver. 29

martes, 2 de agosto de 2005

discurso del río

Seamos honestos, por un segundo, hablemos por amor a la verdad: ¿quién de ustedes no ha sentido miedo en la oscuridad? ¿Quién de ustedes no prefiere dar una vuelta larga para llegar a algún lugar antes que tomar el atajo oscuro? Con esto, quiero que reconozcan que tienen miedo, que son -somos -como cervatillos temerosos en la noche de la sabana, que la armadura que vestimos no es infalible, que la muerte pende sobre nuestras cabezas cada momento y que no podemos ignorarla. El miedo, acaso no es más que el motor de nuestros sentimientos, nos hace ir al médico, tomar nuestra medicación, lavarnos los dientes, estudiar una carrera y hasta elegir una carrera. Parece que nuestras vidas están guiadas por la premisa básica del miedo, parece que el miedo es el que nos hace actuar en las situaciones más críticas: cuando se es niño uno accede a cerrar los ojos y dormir por miedo a la bruja que vendrá después de las doce y que si nos encuentra despiertos nos llevará en su saco, nos lavamos los dientes por miedo a quedar chimuelo como el tío fulano. Siendo un poco mayores -ya iniciada nuestra vida académica -accedemos a hacer nuestras tareas, a portarnos bien en la ceremonias -que, de paso, tienen sus propios mieditos para persuadirnos y ser buenos estudiantes -y empezar a pensar qué vamos a hacer con nuestra vida, todo, por el miedo fundamental ser nadie. Podríamos enumerar todas las situaciones de la vida en la que el miedo es el que nos hace hacer, es más, deberíamos hacerlo, pero escribirlo sería tarea harto complicada, por tal, pensemos primero, estoy seguro que habrá una o dos cosas, a lo sumo, que sean las básicas en nuestras vidas, las que nos mueven, nuestros motores inmóviles, nuestros miedo principales. ¿Al olvido? ¿A la muerte? ¿A la vida misma? Debemos tener cuidado de las desviaciones de nuestros días, el miedo no es, no será jamás, una forma de responsabilidad como nos lo han hecho ver, debemos tener la sensibilidad de separar lo que es opus Dei y lo que pertenece a las creaciones vanas del mundo del hombre, una cosa es lo que quieren que hagamos -que seamos trabajadores, amantes de la democracia, buenos ciudadanos, etc -y otra, muy distinta, la que tenemos que hacer. El miedo nos mata pero, como el dolor, es lo que nos recuerda que seguimos vivos.

miércoles, 20 de julio de 2005

verdades

1. La pasión es una pausa en la razón
2. Los sentimientos son racionalizaciones de los instintos.

lunes, 18 de julio de 2005

María José

Hay cosas pequeñas en la vida, cosas que hago en la intimidad, casi en secreto. Hay veces que creo que algo está mal conmigo pero ¿qué puede haber de mal con algo que me agrade tanto? Hay veces en que logro concentrarme por más de tres horas en alguna cosa, hay veces que no recuerdo más después de estar pensando en algo, hay veces que no sé dónde estoy. Un día, por accidente, me corte el brazo, me dolió un poco al principio, pero después, al ver el rojo intensísimo de mi sangre, símplemente no pude dejar de verla fluir, no pude sino dejarme seducir por su lento discurrir, no pude sino pensar en las tardes rojas atrapadas detrás del volcán; la sentía andar mi piel hasta caer en una gota gorda desde mi pulgar. La sangre tiene ese poder de seducirnos, por eso, desde ese día, decidí que sería médico.

Aun hoy, hay días enteros en que no pienso más que en el atardecer, que paso horas encerrada en mi consultorio cuando no llega nadie, aun hoy, cuando mis hijos me piden ayuda con su tarea y no los escucho, pienso en el rojo de aquel día, aun hoy, muy de vez en cuando, lo juro, me encierro en el baño y me hago una pequeña cortada en el mismo lugar, sólo para ver el atardecer fluir desde mi brazo.

lunes, 11 de julio de 2005

Vespertina

Siempre es bastante curioso ver las cosas que suceden todo el tiempo, es curioso verlas y no notar nada en ellas, no ver que son síntomas, no darnos cuenta que las cosas nos dicen más de lo que "son". Hoy caminé bastante por el centro de la ciudad de Puebla, el sol brillaba (¿han notado cómo brilla últimamente el sol? ¿o sólo lo he notado yo?), las nubes a la orilla de la bóveda celeste, se acercaban, se veían pesadas y oscuras, el volcán se cubría entre ellas y los turistas no paraban de caminar, comer, fumar y ver através de sus lentes para sol. Recorrí muchas calles, pise muchas lajas del piso, crucé un buen número de calles y estuve atento a igual número de semáforos, caminé, mirando el rostro de la gente, es algo que comunmente uno no hace, es algo que en realidad tiene muy poca trascendencia, pero yo lo hice por un periodo muy prolongado. Uno se puede dar cuenta de algunos de los humores de las personas; los que miran hacia abajo, pensando en cosa más importante, preocupados, deprimidos, los que lo miran a uno de reojo, mujeres principalmente, esperando algo, no se sabe qué, los que andan distraídamente por ahí, mirando aparadores, no pensando en nada en realidad. Llegó un momento en que decidí que iba a sonreírles a todas las personas, a ver qué sucedía. Me detuve junto a una mini-van estacionada y ensayé mi sonrisa: tenía que verse amable, pero no provocadora, leve, pero no forzada, cordial y tierna (todos podemos hacer tal sonrisa). Después de intentarla algunas veces, di con la adecuada, cumplía con todo, hasta me daban más ganas de sonreír de sólo verme sonreír. Empecé la andanza una vez más, una señora: no me vió, un anciano: demasiado cansado para levantar la cara, un niño: incapaz de entender mi actividad, una muchacha: creyó que era un enfermo o un depravado y volteó el rostro inmediatamente. Parecía que ese era el resultado común, nadie me sonreía, todos tenían una buena excusa para no hacerlo. No sé cuántas personas vi hoy (normalmente las cuento), no sé a cuántas intenté sonreírles, pero sí sé que tristemente fueron muchas. Estaba sorprendido, desconcertado, pero aun mantenía mi sonrisa, sonreía mientras pensaba en los resultados del experimento, en la estadística y en las posibles causas de tan tristes resultados. Me dirigía a la ocho poniente y siete norte, esquina e que tomaría mi transporte, crucé por el mercado La Victoria, siempre con mi sonrisa me vieron: el muchacho gay de las joyas, la señorita de las promociones de celulares, el guardía de seguridad y el chavo que da crédito en las máquinitas, de todos ellos sólo el guardia de seguridad me sonrió "buenas, joven" me dijo, mientras veía a una niña que corría sobre la placa dorada de las coordenadas exactas del lugar. ¿Sería esa la diferencia con todos las demás personas? Él, llevaba un arma, tenía la potestad para usar la fuerza prácticamente con quien quisiera, su día era tan o más cansado que todos los demás, pero estaba viendo a una niña correr, girar, gritar, reír, todo, sin razón alguna.

miércoles, 6 de julio de 2005

sin título

Después de un largo rato de tener el cerebro tapado -¿razones? Realmente un misterio -hoy me siento de humor para escribir y no sé qué tan conveniente sea decir -o incluso pensar -tal cosa. ¿Es acaso el escribir una cosa de inspiración, de "cómo me sienta hoy"? Para mí, la respuesta es no. Así de simple. Sin embargo me enfrento a los hechos, a la experiencia sensible: "hoy me siento de humor para escribir". Qué contradictorio, pero me consuelo a mí mismo pensando que el ser humano es así, contradictorio.

Y bueno, hoy que me siento de humor para escribir, en realidad estoy usando la función más primitiva de la escritura, esta función básica y un poco tristemente denigrante de la escritura: la de vaciado de los sentimientos o de los pensamientos más bien dicho. Sí, en realidad no me interesa tanto lo que pueda decir lo que escribo o aquello que pueda entender aquel que llegue a leer esto, en verdad no y por lo regular estoy pensando siempre enq ue lo que escribo se entienda precisamente lo que quiero decir, pero hoy no, hoy símplemente estoy de humor para escribir y ya me di cuenta que no precisamente tengo el cerebro destapado, igual puede estar tapado -de hecho lo está -y he ahí un gravísimo problema, pienso: "¿qué tal que mucha gente que "escirbe" lo hace de la misma manera que lo hago yo ahora? Sin importarles lo que escriben, lo que se entiende de sus textos o incluso si en verdad están diciendo algo o símplemente vaciando sus sentimientos o, más bien dicho, sus pensamientos, sólo porque se sienten de humor para hacerlo." Supongo que eso en verdad pasa y es por eso que nos enfrentamos a textos inenteligibles que se refugian en el manifiesto de alguna "vanguardia" sacada del cesto de su ropa sucia. Ese es, creo, un gravísimo -¿ya lo dije? -problema de la literatura actual. Deberíamos recapacitar. ¡Pero qué digo yo! Si hoy sólo escribo porque me siento con ganas de hacerlo.

lunes, 6 de junio de 2005

Con una imagen de Borges en la que mira atónito el juego de luces en el techo, me despierto hoy y trato de encontrar el sentido de aquello que se retuerce en el fondo de cada una de las fotografías, de esos momentos congelados, de esa memoria estática: éxtasis. El éxito al que aspiramos como carne finita es a triunfar sobre la muerte, a persistir en la memoria, a que nuestro nombre siga sonando después de nuestra muerte, al recuerdo en la memoria del dios.
Dante, de la tierna y dulce mano de Virgilio, camina por el purgatorio observando la dureza de un dios indiferente al dolor de sus creaciones, Dante, parado en la eternidad del cielo-purgatorio-infierno, es parte de lo que ahora conoceríamos como una fotografía: un lugar atemporal, lo que para santa Teresa sería el éxtasis, lo que para Joyce el arte puro y es en esa eternidad dantesca que se nos es revelado un secreto tan profundo y deseado, tan cierto y tan temido: el sentido de la vida, un doliente sufridor, implórale que cuando regrese al mundo de los vivos –al mundo del tiempo finito –si le es posible, trate de revivir su nombre en la memoria de los que fueron sus familiares, sus amigos y aun en sus enemigos, para que él pueda entrar al “reino” a la presencia de Dios, al éxtasis, para ser parte de la memoria del universo.
Hace un par de años –el tiempo, siempre tan impreciso, yo platicaba con un buen amigo de estos mismos asuntos, el paraíso, el sentido de la vida, el tiempo y la muerte. ¿Por qué Dios? –fue una de las preguntas que nos hicimos ese día –¿por qué Dios necesita que lo adoremos, que le oficiemos misas, que le dirijamos ruegos y oraciones si él es Él? Y este contertulio amigo mío tuvo el buen tino de decir: porque Él somos nosotros, los hombres, porque Él es la memoria de la humanidad, porque Él deja de existir si nosotros lo olvidamos y con él, de paso, dejamos de existir nosotros: venimos a este mundo a perpetuar al Dios, al Padre, nosotros sus hijos, lo perpetuamos con nuestros ruegos y Él nos crea con sus desdén. Él es la memoria eterna/sin tiempo del hombre, del universo.
La visión de la eternidad; de la atemporalidad, de la inmovilidad, ha sido pensada y re-pensada en la historia registrada: el motor inmóvil de Aristóteles y de De Aquino y, llevado al terreno del arte, probablemente la visón más interesante de la inmovilidad es la de James Joyce que, vertida magistralmente en el universo ficcional de su Retrato nos deja ver una visión estético-filosófica de la eternidad, para él, hay dos tipos de arte: el puro y el impuro. El arte impuro es aquel que nos provoca algún movimiento del ánimo ya sea aversión o atracción, también lo llama arte cinético pero su visión del arte puro es aun más esclarecedora y completando la dicotomía nos explica que es todo ese arte que deja al ánimo paralizado, que no crea sentimiento alguno que no nos lleva a decir si algo nos gusta o no, es como el éxtasis mismo, el de Santa Teresa, el de San Sebastián: un lugar, un momento, sin espacio y sin tiempo donde no hay, donde se es pleno y al mismo tiempo se deja de ser, la conciencia.

miércoles, 1 de junio de 2005

rimas para bailar

La ciudad es muy parecida a un tambor:
suena, suena y lleva ritmo en el interior.
Todos los días nos enfrentamos a situaciones de las más diversas índoles –cosas de la vida, en fin – todas son diferentes-iguales en una dialéctica de de jávu, otras veces es mucho más parecida a una cinta que se descorre y se corre, sólo para regresar al punto de inicio al play infinito, al forward eterno, al tan familiar backward. Otras veces cuando andamos por la calle pedimos paz a nuestros pulmones y tratamos de vencer nuestras necesidades para poder ser no-hombres por un momento. Hay cosas tan frustrantes en la vida como la vida misma, nos pasamos toda la vida planeando qué vamos a hacer con nuestra vida, tratando de encausarla, de hacer algo con ella, temiendo no perderla sólo para que, al final de nuestras vidas, caigamos víctimas de una enfermedad derivada del exceso de cenas de microonda o por juntarnos con personas que fuman mucho o por una ridiculez como la culpa de alguien más. Afortunadamente –y esto lo digo sinceramente –hay canciones bonitas, canciones que llegado un momento en su evolución, hacen saltar las entrañas haciéndonos olvidar por un breve instante que vamos a morir. No es miedo, no es miedo a la muerte lo que tengo, es más bien molestia, hastío: quisiera quejarme con alguien por la conciencia que tengo de que me voy a morir. La vida sería mucho más fácil si ignoráramos que nos vamos a morir.

miércoles, 11 de mayo de 2005

untitled

Los ojos, siempre curiosos por ver, siempre listos para reconocer lo que hay detrás de las sombras. ¡Perfidia, tragedia, cruel juego de Fatas infames! Ciego, el hombre anda y las sombras envuelven su mundo.

NO es poesía

¡Oh! La Mer
…what a pleasent dream.

Cada vez que bostezo pienso, recuerdo:
estoy vivo, completamente vivo.

viernes, 6 de mayo de 2005

expedición fallida

Hace un par de horas me presenté frente a la cartelera improvisada de la Casa de la Cultura de la ciudad de Puebla, y vi: "muestra internacioanl de cine" -Buena idea -pensé -entraré a ver algo, lo que sea cualquier cosa, cualquier lugar donde tengan aire acondicionado. Así que me acerqué a ver la hora: "12:00" película: "no recuerdo". Consulté mi reloj y eran 12:45, pregunté al tipo si aun podía entrar, me dijo que sí haciendo la observación de que ya había comenzado ha cuarenta y cienco minutos, lo pensé por un momento, era refrescar mi trasero por 15 pesos y ver una película a la mitad o podía irme, aguantar el calor en cualquier otro lugar y regresar a verla completa a las 4:00. Pensé que esto último era lo mejor, salí del lugar y me fui a mi casa. Son las 4:32 y yo sigo aquí.

viernes, 29 de abril de 2005

dejando la galaxia

Una vez más la fuerza de los días nos obliga a partir dejándolo todo, tirado, sin ordenar, todo aquello en lo que alguna vez creímos o sentimos o dimos por cierto, en fin, todo aquello es dejado atrás, por la simple fuerza de los días, la que nos obliga a partir dejándolo todo, tirado, sin ordenar, todo aquello en lo que alguna vez creímos o sentimos o dimos por cierto, en fin, todo aquello es dejado atrás, por la simple fuerza de los días, la que nos obliga a partir dejándolo todo, tirado, sin ordenar

lunes, 11 de abril de 2005

En la angustia

Creo que es hora de que me enfrente a mis temores; al mundo, que ni es mundo, pero que parece el mundo para mi.
------------- E.B.S

viernes, 8 de abril de 2005

El becerro de Oro

"Sería complicado y además un poco absurdo, pretender separarse o desentenderse de todo aquello que sucede en el lapso que tenemos de vida, aun bajo la prención neutral del artista puro. Tengo la fortuna o la desdicha de que en mi lapso de vida han sucedido muchas cosas recientes y pasadas -la muerte del Papa, la aparición de grupos en la frontera norte, del lado gringo, que se dedican a la caza deportiva de inmigrantes, de ser testigo de cómo las previsiones de Giovanni Sartori se vuelven cada vez más crudas con respecto al caracter de veridicción de la televisión -y bien, sería imposible no ofenderme con estás cosas, sentirme tocado por lo que sucede y con la obligación de actuar".
De esta manera argumentaba yo en una discusión durante el desayuno a razón del desafuero del Andrés Manuel López Obrador "sin apasionarse -decía la sapientísima voz de mi padre -sin apasionarse, no vale la pena, todo es un teatro" "no niego que haya lo considerado -seguí -es lo más probable, pero hay cosas que no son teatro, hay gente que no sabe leer, padre, gente que no tiene medicamentos, muertes absurdas que son completamente evitables, gente que vivie en cuevas y casa de pésima arquitectura y eso, sapientísimo padre, no es ningún teatro o probablemente lo sea desde la concepción balzaciana de la humanidad". Y en diciendo esto, ambos caímos en una meditación profunda, profanda sólo por la omnipresencia del becerro de oro.

domingo, 3 de abril de 2005

Hermanos:

En verdad quiero decirles, queridos lectores, si dijeramos todo lo que tenemos en la cabeza cuando nos enfrentamos al tan temido otro, si en lugar de tolerarlo con una sonrisita hipócirta, si nuestras madres nos dijeran lo cansadas que las traemos con nuestros pedidos y múltiples quejas, si los ojos no se posaran en lugares comunes cuando nos encontramos en una situación áspera, en verdad os digo, oh hermanos, esta sociedad, tal y como la conocemos, no existiría. ¡Perfida sociedad basada en la apariencia, personæ, como la conocían en la antiguedad, la máscara, el ser otro, el ocultarse detrás de lo que se quiere o lo que se quiere dejar de ser! Cuán desgraciada es la situación, cuán castrante resulta vivir entre los otros. Pero, ni hablar, la especie debe perdurar.

miércoles, 30 de marzo de 2005

El pasado presente

Es una de esas tardes en las que uno tiene la sensación de que las ideas geniales están por llegar, en caulquier momento. Nos sentamos frente al escritorio escuchando algo de música <<I know, the last in line is allways called a bastard>>. Cuando, repentinamente y sin explicación alguna, uno empieza a pensar en el rey Tutankamón, que a la sazón, no tiene nada que ver conmigo. Es (fue) un tipo que vivió hace no sé cuántos años atrás y que ahora, por los extraños devaneos del destino se posa en tierras más cercanas y pienso una ves más: <<¿será que el Rey Tutankamón nación, vivió y murió hace no sé cuántos años, únicamente para que yo pueda verlo tras un cristal en estas, las tierras de las que soy nativo?>> ¡A saber! Si nos ponemos a pensar con calma podamos notar talvez, que las cosas fueron creadas para que las usaramos, es decir, el plástico de este teclado, fue echo con plástico y este plástico es un derivado del petroleo que, si recordamos bien, es un combustible fósil; para terminar rápido, son los restos de los animales que vivieron hace muchos miles de años atrás que, tras morir sepultados los muchos de ellos o caer dentro de pozos de brea o como sea que hayan muerto, sus cuerpos se convirtieron, con el paso del tiempo, en el petroleo que se convirtió en mi teclado y en la botella que contiene el agua que me estoy bebiendo. Es por estas razones que ahora estoy convencido que las cosas pasan por algo en momentos específicos del todo. ¿Se han preguntado qué es lo que sucede, es decir, todo lo que debe suceder para que, sin quererlo, choquen con una persona en la calle mientras caminan? ¿Todas las cosas que tuvieron que pasar para que esa persona y ustedes mismos se vean a los ojos un segundo y digan "perdón"? Lo hace pensar a uno.

jueves, 24 de marzo de 2005

Reir e ir a dormir

Ayuda a ambos lados cuando la consideración de las acciones está enfocada -o más bien no lo está -y procura beneficio compartido. El camino de Santiago está plagado de casa blasonadas ¿por qué pretender hacer algo así de este lado? No entienden que eso es de hace tres siglos atrás.

miércoles, 23 de marzo de 2005

martes, 22 de marzo de 2005

Es así que:

¡Aborresco a los médicos! Porque siempre pueden hacer lo que gusten, no me agrada la sensación de abandono que siento frente a ellos, ¡estoy a su completa merced! Lo saben y pueden tomar ventaja de eso por eso: ¡aborresco a los médicos!

lunes, 21 de marzo de 2005

Introbo ad altare Dei

De las culpas que guardamos en el corazón, de los sueños que tenemos en la mente, de los miedos que tenemos en los ojos, lo único que realmente te debe importar, hijo mío, es cómo evitar sentir esas cosas: controlar tu corazón, dominar tus pensamientos y cerrar tus ojos cuando sea necesario.

Fragmento

La vida es una crónico-degenerativa: va empeorando con el paso del tiempo. Un recuerdo se hace más doloroso cuando lo recordamos día tras día, el recuerdo está cada día más lejano, es tan grave que terminamos por pensar que talvez no fue tan malo. Si miramos dentro de nuestra propia vida, si tratamos de recordar nuestra infancia, nos daremos cuenta que éramos felices, muy a pesar de que en ese momento no teníamos idea de lo que la felicidad es, la felicidad, como todo, viene con la vida, viene conforme nos hacemos recuerdos, viene cuando creemos que cualquier momento fue o será mejor de lo que es ahora. La vida es una crónico-degenerativa y todos sabemos cuál es la cura para eso.

And then I...

I fell sick, I can not stand this anymore, my head goes round and round, I do not want to think, I do not want to talk, my thoughts are my fear, they torture me, they do not let me be.

My head has been raped, my whole being has no meaning Since I was born, since the parents of my parents has been born, I have been raped. This is not the way my thoughts goes everyday I have a different language I just took this one borrowed. I do not want to think in the language I have been used all my life, I do not want it. Time ago, I saw a film about an Irish guy who wanted that someone took his fist and put it inside his mounth and take the english language from his tongue, I want the same thing, someone, please, do something take the language of the parents of my parents and throw it far away from me, from my brain, from my thoughts. Ya no quiero pensar en español.

miércoles, 16 de marzo de 2005

Hoy me pasó algo

Encontrábame yo muy poco dispuesto a tomar clase con la magnánima Ana María cuando en un arranque de pelotas, decidí irme de ahí sin acercarme aunque fuera un poquito a la clase. Abandoné el COLLHI sin ningún remordimiento dejando atrás a Lilo y a Julien (el francés que no habla). Anduve por la 3 ote. con dirección a la 2 sur y en llegando a la esquina doble sobre la dos sur en dirección al parque del Carmen (dirigíame yo a ciertas diligencias). Así transcurrían mis pasos sobre la acera mirando mi hermoso rostro en los vidrios de los autos estacionados cuando a la altura del Museo Amparo, escucho uan voz que me nombra "Renato" a lo lejos, al escuchar de este modo el viento maniatado volteó, primero con recelo y después con disimulada paranoía y un ser, de menudas tallas y breves pasos efundado en ropajes color naranja se aproximaba a mí (debo decir que mi visión a la distancia es pésima, así que me costaba reconocer aquel rostro infame). Aquella delicadeza extrema volvía a la aparición aun más temible, estaba como a cinco metros de distancia cuando pude al fin distinguir aquel rostro, que con voz cadenciosa me preguntaba: "oye ¿no hay clase de romanticismo?" Era Dôni, estaba en lo que me pareció una comida de felice recordación. Eso fue todo, intercambiamos impresiones, hizo el pase de lista: "¿has visto a Gina, a Parra? A todo eso contesté que no. Me despedí y seguí mi camino, no sé qué pasó después, cuál fue el desenlace o cuál es su mitad de la historia, lo que sí sé, es que hoy se me apareció Dôni cerca del museo Amparo.