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martes, 22 de abril de 2014

Esteban o el mundo como lo conocemos.

Como cualquier niño de su edad y de su tiempo, Leo era poco impresionable. Lo había visto todo, lo había escuchado todo; había jugado todos los juegos que había disponibles, había visto todos los documentales que el hombre era capaz de producir, conocía las series más recientes y era capaz de reprender tanto a sus padres como a sus compañeros de clase ante errores básicos en el procesamiento de cualquier tipo de información. Como cualquier niño de su edad y de su tiempo, Leo era un problema para todos.

Lejos de admirarse, como el resto de las personas, de cómo “los niños de ahora son tan buenos con la tecnología”, Esteban, se sentía incómodo en la presencia de niños como Leo. Sentía una repulsión antinatural por todo lo que pudiera salir de sus chimuelas bocas, un desprecio absoluto por su sapiencia de Wikipedia y una lástima por los asombrados padres, tíos  y abuelos. 

Leo jugaba desinteresadamente a las cartas con el resto de su familia, mientras revisaba las notificaciones de sus cuentas de redes sociales en una tableta absurdamente nueva y en el teléfono móvil leía y respondía a mensajes grupales sobre “quién asquerosamente se había besado con quién”. Exigió a su madre un pedazo de panqué con mantequilla. A Esteban le parecía vomitiva la manera en la que todos se admiraban con la “habilidad del niño para hacerlo todo” y le parecía estúpido que Leo supiera que era admirado por los mayores. 

Esteban se cuidaba de no hacer evidente el repudio que le producía el hijo de su hermana mayor. Simplemente intentaba alejarse lo más posible de una situación en la que tuviera que interactuar con el genio en ciernes. Cada vez que alguien lanzaba una frase halagüeña al enfant terrible “!Carajo! Pero ¿cómo hace para usar la computadora así?” No dejaba de pensar en la frase que había escuchado decir a uno de los amigos de su padre: “el hijo propio siempre es el más guapo, aunque tenga un cuerno en la espalda”. 

Leo perdía la paciencia muy rápidamente, no era capaz de soportar que el jugador a su izquierda tardara tanto en hacer un movimiento, le molestaba que a su última foto llegaran comentarios con faltas de ortografía -los borraba de inmediato -le parecía ridículo que, por un lado, las niñas de su clase pasaran el día pegando imágenes de gatos en situaciones graciosas y que, por el otro, los niños pegaran fotos de jugadores de futbol o automóviles imposibles. Es cuando se pone a ver por la ventana. 


Hay algo en la escena que enardece a Esteban. No sabe exactamente qué es, si que los adultos se hagan pasar por completos tontos o la absurda suficiencia con la que Leo hace rabietas. En cualquier caso Esteban no está para participar en ese teatro lastimero. Decide que es hora de que todos entren en razón, de que se den cuenta de que los niños han sido iguales en todas las épocas de la historia de la humanidad, de que no hay tal cosa como “niños más inteligentes”, de que los adultos van a sentir, quieran o no, una natural fascinación por los niños. Esteban está decidido a evitar que su sobrino se convierta en un monstruo insoportable -está convencido de que aún es tiempo de corregirlo - odiado por todos. Con la mayor naturalidad del mundo -para que nadie note que está haciéndolo para derrumbar esta puesta en escena de necios -Esteban se levanta del cojín en el que está sentado para dar sus primeros pasos. 

jueves, 6 de marzo de 2014

Eclipses, oscuridad súbita e intimidad.

Recuerdo muy bien que cuando era niño me gustaba acostarme bocabajo en la cama con una almohada sobre mi cabeza pasarme una cobija por encima y formar un pequeño hueco entre la almohada y la cobija: “este es mi espacio” pensaba mientras me deleitaba ante el conocimiento de que “nadie más en todo el mundo sabe qué hay aquí”. Lo hacía a la hora de la siesta. A media tarde. 

Después, cuando crecí y tuve edad para entender los insondables misterios de Dios y el Universo en el catecismo, me sucedió que cada vez que estaba en mi espacio no podía dejar de pensar en ese Dios universal que todo lo sabe, que todo lo conoce y que todo lo ve. Fue un período de tribulación. No entendía muy bien cómo alguien o algo podía estar aquí sin que yo lo viera, o cómo alguien podría saber algo que yo no le había contado a nadie. Por un tiempo permití la incómoda presencia de Dios en mi espacio, pero después de un tiempo, decidí que no quería dejarlo entrar ahí y no se lo permití más. Mi espacio siguió siendo solo mío.

El 11 julio de 1991 había sido una fecha anticipadísima para todos en México. Sin duda fue un gran momento para ser niño y tener consciencia. Nos anunciaron que habría un eclipse total de sol que se verificaría en esa fecha. Lo recuerdo perfectamente: mis hermanos y yo estuvimos en la pendiente de cemento y piedras que llevaba al acceso principal de nuestra casa de la infancia, teníamos unos dispositivos que nos habían enseñado a fabricar en la televisión (no recuerdo si el Tío Gamboín o El Gato GC o Cositas): era una hoja de papel con un hoyo perforado en el centro. 

El evento tuvo un gran efecto en mí: fue al mismo tiempo un recordatorio y una perspectiva. La emoción de ver el día convertirse en noche y los animales apearse para dormir. Lo que sentí en ese momento sólo se podría comparar con aquella vez que las turbulencias de un vuelo transatlántico tiraron de bruces a la hermosa azafata de KLM: miedo, terror, incertidumbre, emoción. Seguramente todo lo que tenía en mente Aristóteles. 

De alguna manera, pensé, los 6 minutos del eclipse fueron una extensión de mi espacio

Hay algo fascinante en la oscuridad, algo atrayente en el secreto que sugiere. No sé si por esa fascinación que siento aún hoy por esa oscuridad súbita es que quise ser (fallidamente) dark en la preparatoria. Todo falló, hoy lo sé, porque ser dark implicaba serlo las 24 horas del día y a mí lo que me gusta es que haya pequeños momentos oscuros en el día. Esa oscuridad cegadora, que pierde los pasos y esconde los muebles. 


Todavía hoy me gusta la sensación del momento en el que se apagan las luces del cine o cuando en un salón se cierran las persianas y los ojos aún no se adaptan o cuando alguien pasa por la ventana y una sombra recorre la habitación. En esas pequeñas fracciones de segundo, tengo un espacio. 

lunes, 18 de marzo de 2013

Inspiración: el libro.

La inspiración -las ganas, más bien -de escribir, llegan en los momentos más raros. Cuando tengo una treintena de etiquetas para categorías sintácticas para datos orales que re-revisar o cuando escucho una canción o cuando me como una torta de milanesa.

Las 'ganas de' son una cosa, completamente diferente a 'tener de qué' escribir. Uno no necesariamente tiene algo interesante o innovador que plasmar por escrito o siquiera algo importante que transmitir. A veces, uno simplemente tiene que escribir. Aunque, se los digo de una vez, tampoco hay que confundir estas ganas con aquello que los 'amantes empedernidos de la literatura, los libros y la escritura' consideran como: "una necesidad orgánica, vital y equivalente a comer, dormir o -los más ineptos -hacer el amor".

Las ganas de escribir a las que yo me quiero referir ahora son, más bien, parecidas a las ganas de echarse una cervecita, a las de tomar la siesta a la sombra durante un día terriblemente caluroso, a las de echarse panza arriba al vaivén de las olas o bien, a las de visitar a un amigo/a, nomás por hacerlo.

Siempre he tenido la impresión -y reconozco que he sido incapaz de plasmarlo en cualquier lugar -de que la escritura, la lectura, la literatura y, en última instancia, el arte, son conceptos harto sobrevaluados: aborrezco aquellas actitudes del que, creyéndose iluminado-poseedor de una verdad superior, juzga a quien no encuentra en la interesantes sus mismos supuestos. Vivimos rodeados de una subespecie de alienados (por usar un concepto trasnochado) en la autocomplacencia de la manipulación un objeto elevado a un pedestal cercano al fetichismo: el libro.

Los libros brindan placer (como objeto), conocimiento (como depositario del conocimiento, historia e historias), autoconocimiento (como continuación de la memoria colectiva), lo que el libro no brinda -aquí la falacia, aquí lo que se debe combatir abiertamente -es la posibilidad de ser mejor. En todo caso, una mala interpretación de lo que el libro es potencia -como cualquier tecnología creada por el hombre -las cualidades de un sujeto: hace peor al peor, mejor al mejor y hace cambiar al dispuesto.      

viernes, 28 de septiembre de 2012

La sextuitera improvisada o el cualquierismo en el mundo virtual-digital-paralelo

Últimamente me he dado cuenta de que el mundo me cae peor que nunca. (Si fuera un escritor talentoso, diría que esa es una buena frase para comenzar una novela y aunque no lo fuera [no lo soy], creo que es una buena frase para comenzar un post. 

A ver, no nos confundamos, de por sí creo que el mundo es un tropos (por usar una expresión cara a los semiotistas) cuyas condiciones siempre resultan en una linea temporal dictatorial. Así es el mundo: dictatorial, autocrático y tiránico (tal vez por eso los gobiernos 'occidentales' tienen tanto miedo de los 'dictadores' del medio-oriente). En fin: el mundo siempre me ha caído mal, entonces ¿qué podría provocar que hiciera una afirmación como la que inicia el post? Es muy sencillo: yo tolero cada vez menos. 

Esta semana tuve la conciencia de que mi twitter estaba lleno de mensajes que reflejaban, siempre, algún tipo de inconformidad que iban desde cosas tan cotidianas como bebés llorando en el transporte público hasta los manejos indecentes de la política electoral. Para referencia cfr. https://twitter.com/RenatoGaGo  . El asunto es ¿qué podría estarme poniendo de tan mal humor? Es decir, si el mundo ha sido básicamente la misma cantaleta desde, por lo menos, que la humanidad ha tenido manera de documentar(se) a sí misma. Hay varias posibilidades: desde 'la edad adulta' (de la cual ya no tengo forma de escapar), o las (recientemente adquiridas) obligaciones laborales hasta la evidencia de que ya no estoy haciendo (necesariamente) lo que quiero como había sido los dos últimos años. 

Pensé en todas las posibilidades, era un hecho que mi humor no era el mejor, así que algo debería estar pasando para que eso sucediera; es decir, soy tan socialmente funcional o disfuncional como cualquiera: no soy un ermitaño, pero tampoco caigo bien en todas las fiestas (pero igual invítenme). Me di cuenta, después de mucho pensar, que la verdadera causa de mi malestar era la flasedad del mundo virtual-digital-paralelo' [VDP]. Y no me refiero necesariamente a los mensajes en muro de facebook el día de tu cumpleaños cuando nadie, de no ser por eso, lo recordaría, no, me refiero más bien a que el conocimiento se ha abaratado tanto que una suerte de 'explosión de eruditos' ha tenido lugar en ese mundo paralelo: todos son expertos en todo, todos son talentosísimos, cualquiera con un teléfono con cámara es capaz de hacer arte, cualquiera que tenga tiempo de rebloggear muchos blogs o tumblrs es capaz de montar una exposición vía streaming o cualquiera puede lograr monetizar su vida. Cualquiera.

No se confunda, atribulado lector, no es esto un manifiesto anti-masificación de la cultura y/o la información, al contrario. Las posibilidades de este mundo virtual-digital-paralelo son tan bastas que cualquiera puede gozar de las más diversas manifestaciones de arte, la cultura y del ARTE y la CULTURA. Eso está per-fec-tou. Lo que quiero dejar claro (y que finalmente es mi opinión) es que este cualquierismo al cual estamos expuestos en el mundo VDP ha logrado lo mismo que logra una risotada estridente y repetitiva en el bar o una tos molesta en la iglesia o un cuchicheo en la conferencia o el borracho imprudente (porque los hay divertidos) de la fiesta o la línea rosa del metro a las 19:00 o una cemita sin pápalo: una incomodidad profunda.


En fin, en fin. 

Nada es para siempre, nada es realmente posesión nuestra.   




sábado, 5 de febrero de 2011

Vamos por partes.

I.

Hablemos de música: exponente y consumidores. Supongo que siempre ha sido así y que no estoy haciendo otra cosa más que reproducir una actitud que ya tiene muchos ciclos y que, además, quién sabe cuándo va a dejar de ocurrir (tal vez nunca); sin embargo ayer me di cuenta -de manera definitiva- de que estamos irremediablemente condenados a vivir un loop infinito.

De manera más bien azarosa e inesperada terminé en un concierto de Las Víctimas de Dr. Cerebro en un lugar más bien bonito, por lo que por momentos me dio la sensación de que la banda estaba algo 'descontextualizada'. Esta apreciación no es; sin embargo, el objetivo por el momento.

Antes de disfrutar del rarísimo espectáculo de Las Víctimas, tocaron como seis bandas completamente desconocidas, las edades de los integrantes oscilaban entre los 19 y 25 años de edad, máximo. Lo inquietante no es, no te confundas esforzado lector, la corta edad de los mozalbetes, sino el hecho de que cada banda sonaba a otra banda y, a su vez, cada chicuelo, actuaba como otro de otra banda: ahora sonaban a una versión famélica de Black Sabbath, ahora a la versión más desnutrida de Metallica o ¿qué tal sonar a la versión gringa y chafa de The Sex Pistols? Los estilos entre canción y canción de una misma banda podían ir desde Marilyn Manson, pasando por Van Halen, hasta desembocar en la rondalla de la secundaría (con guitarra distorsionada). En fin, bien entiendo que la originalidad no sólo es un problema mental de algunos cuantos, sino que también es una cosa difícil de lograr, pero ¿por qué hacer copias fieles de algo que ya existe?

Como dije, asumo que se debe a que estamos condenado a vivir en loop infinito y, seguramente, esto que estoy haciendo yo ya lo hizo algún desganado dandy venido a menos allá por el siglo XIX.

II.

Las víctimas del Dr. Cerebro son, ¡oh, qué duda cabe! Una de las bandas más grandes de este país, una banda subvaluada, a quienes la justicia no les llegó en su medida justa. Ayer mientras escuchaba El Santo, me pregunté "¿en qué momento permitimos en este país que surgieran bandas como Moderatto o Moenia, cuando tenemos a Las Vícitimas?" Lo creo firmemente. Soy su fan de ellos.

"nagual con cara de paisano, nagual con su pulque en la mano"

lunes, 16 de agosto de 2010

Día malo/a la búsqueda del apodo chido/fiesta de último momento


Hoy el día amaneció mal, siguió mal y parece que va a terminar mal. Mientras escribo esto mis queridos Pericos de Puebla están perdiendo la serie final del campeonato de beis bol.

Todo por es estoy así, como alcohólico sin poder leer todo lo que tengo que hacer
Hay un montón de cosas que quiero hacer, pero tengo también tanta hueva que creo que mejor me voy a dedicar a dormir un poco. Hoy en la mañana me desperté y pensé que es muy loser no tener televisón. Ahora reflexiono que me estoy perdiendo series como Lo que callamos las mujeres, Los resúmenes deportivos y las noticias dictadas por El Ticher López-Dóriga. No sé qué hacer para conseguir una, así, baratita. ¿Quién quiere ser mi intermediario?

**

También me preocupa no tener un apodo chido para mí mismo. La gente que tiene apodos para sí mismos ¿qué pedo? Se me hace que por eso no soy estrella del Twitter ni del Blogger. También aceptamos propuestas para apodo chido.

Hoy llegué a mi casa y había un olor 'bien extraño'. Me puse como loco porque me chocan los olores raros, sobre todo en mi casa, así que limpié y limpié. Cuando me di cuenta habían pasado nada más y nada menos que dos horas de pura limpieza y limpieza. Definitivamente necesito encontrarme cosas qué hacer.

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Esta foto no la había trepado. Es vieja pero está chida (me gustan ese tipo de restricciones)


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Me acaba de llegar la invitación para una fiesta de bienvenida a la maestría pero: "les pido que no inviten a otras personas". jiji.

Me encanta la recomendación así que ni modo, no los podré llevar.

lunes, 3 de mayo de 2010

., .., ...

.

Las esperas, las ascuas o los Jesuses-en-la-boca nunca son buenos consejeros ni buenos acompañantes. Invariablemente uno termina por odiar cada minuto por venir, por aborrecer cada segundo perdido.

..

Otra vez es la fuerza de la música la que nos convoca, oh entrañable lector, otra vez ese espasmo cerebral, otra vez esa sin-razón e in-comprensión.La capacidad de la música, de la poesía y de la aliteración una vez más ha demostrado que revelar el interior de cualquier ser humano (apelando a su animalidad) aún en estos (citando la paradigmática cinta) tiempos violentos, es posible.

Una de las mejores canciones de este año (no que haya sido lanzada este año, sino que yo la conocí este año, es, sin duda Folklore, del trío nippon, Clammbon. Tan sólo escucharla, aún sin entender lo que dice, nos transmite en seguida el sentimiento viceral de que se trata de algo maravillosamente sencillo y trascendente a la vez. Sin pretensiones casi siempre es posible transmitir y percibir esos momentos.

Aquí el video:





Adicionalmente, oh encantadores amigos, el cover que hace que nos hace recordar que hay covers buenos. Este es una versión de la canción que acabamos de escuchar de Clammbon, pero re-hecha por el respetado DJ japonés, Nujabes. El nombró a su versión Imaginary Folklore. Ven la maravilla?




Es una maravilla, ninguna de las dos me gusta más. Es una pena, Nujabes murió el 26 de febrero pasado con 36 años de edad en cierto accidente carretero en Japón. Son el tipo de cosas que, como la canción, aunque no la entienda del todo o esté lejos cultural y espacialmente, no puedo evitar un sentimiento de vació.


...

Pues ya se me acabaron las clases. No seré más un maestro. Creo que por un lado está bien, un poquito menos de estrés a mi vida diaria, aunque reconozco que ya me había habituado un poco. Espero, viendo en prospectiva, que los planes y la evolución vayan por el camino visualizado. Luego les cuento.

lunes, 15 de febrero de 2010

Sueños y sueños de la realidad

Desde hace no poco tiempo me encuentro preocupado por algunas cosas: la vida, el paso del tiempo y todas esas monadas. También ha recomenzado mi obsesión ancestral por pensar en la trascendencia, en lo infinito y lo finito: a sentir esa creciente admiración por la negrura de la noche y el salto del estómago con las expresión sencillamente complejas del lenguaje de las matemáticas: sí, siempre me sentido fascinado por los números y sus secretos.

Esto se ha exponenciado en los últimos meses: la lectura de algunas novelas, la relectura de los tratados y diálogos filosóficos de algunos de los físicos de la primera mitad del siglo XX y, como pináculo, ciertas charlas que sostuve con algunos físicos del INAOE aquí en Tonantsintla.

Debo confesar que nunca me cansaré de admirar (y por qué no aceptarlo, envidiar) la sencillez de sus formulaciones, la certeza de todas sus incertidumbres y la poca seguridad de lo que observan. La física, a pesar de que me dediqué a estudiar el lenguaje, ha sido mi más grande inspiración, el centro de mis reflexiones y la única parte de mi vida que, desde que tengo memoria, ha permanecido constante e inamovible.

Ayer tuve uno de los sueños más extraños que recuerdo, soñé con Werner Heisenberg (o lo que creí que era él): estaba mirando una foto antigua, en ella habían muchos personajes y en el centro una figura y debajo de ella "Heisenberg". Me emocioné mucho.

Desperté sobresaltado y algo en mí despertó conmigo. Emoción.




"Heisenberg"


Nunca se me ocurrió buscar una foto de él hasta ahora: no se parece al Heisenberg de mis sueños, pero esta imagen me emociona igual.

domingo, 16 de agosto de 2009

Actualizaciones

Quién se acuerda de este show, pasaba en los alocados años noventa, lo recuerdo muy bien. Me encantaba por el gritito del inicio "sooooup opèraaaa" . Cada vez que lo escuchaba salía disparado al frente del televisor para verlo. Me gustaba mucho ver cómo se formaban los animalitos y las cosas que hacían. El tipo que los inventó, ahora lo pienso, era un genio.
Pasaban en televisión abierta, no sé en qué canal, no sé a qué hora. ¿Se acuerda alguien?





Ahora en nuestros días desde el lejano Nippon, donde cosas raras suceden todos los días, llega a internet lo que allá está en boga Mameshiba, es algo muy extraño, debo confesar que me inquietan un poco.

Aquí, el formato es muy parecido ¿no?







Ambos, desde su particularidad comparten algo... ambos son inquietantes.

lunes, 29 de junio de 2009

Los viejos y buenos tiempos

Es bueno regresar a de repente a las cosas viejitas, a los libros leídos y releerlos, a visitar a los amigos no frecuentados, a probarnos y salir, con la ropa del fondo del closet y desde luego a la música.

Siempre que hago cualquiera de estas cosas, me pregunto: ¿por qué dejé de hacer esto? En algunos casos la respuesta es muy obvia: dejé el libro, porque se terminó, dejé la ropa porque ya no me queda, pero no es tan evidente (aunque es posible explicarlo) ¿cómo dejamos de visitar a algunos amigos. Como sea, lo que no tiene explicación del todo, es cómo dejamos de escuchar música que logra cosas en nosotros.

desafortunadamente no se puede hacer embeded, así que pasen a verlo a Youtube.
Gran Canción, gran músico.




Stridence magnifique
Aux instants oniriques
Membre fictif
Acoustique
Féline électrique amie
Oh oui


lunes, 1 de junio de 2009

"¿Tierra morirás?" 5Pte./21sur

Hace mucho tiempo, imagino que a finales de los años ochenta o principios de los noventa, había una corriente juvenil que siempre identifiqué con los grupos católicos adinerados, ajá, esos que volteaban a las colonias populares y hacían cosas por los niños desamparados, daban clases de todo y hacían siempre mucho énfasis en cuidar el ambiente. Ya en aquel tiempo cuando en México no se hablaba de calentamiento global o de separación de deshechos o hecatombe ecológica, ellos lo hacían ya. Lo recuerdo bien.

Por aquellos años, en medio de toda esta pujanza de los grupos juveniles-católicos-filántropos, apareció en mi memoria (qué tal que ya llevaba más tiempo) un mural en el que se ilustraba el futuro de la humanidad.

El elemento principal era La Tierra. Estaba constituido como un díptico, en la primera mitad estaba la luna quien con una clara expresión de dolor le pregunta "¿tierra, morirás?" Es de noche sobre La Tierra, fábricas expulsando cantidades ofensivas de humo, ríos contaminados, polusión en el aire por causa de los automóviles y un cerdo 'capitalista' con traje tirando basura. Hay una advocación de La Muerte que se manifiesta sobre este paisaje apocalípctico.

En la segunda parte del díptico es de día, los ríos son claros, hay aves, una ciudad en medio de un bosque o un bosque en medio de la ciudad simbolizando el desarrollo sustentable, en lugar de un cerdo trajeado ahora hay un muchacho sosteniendo una flor. Como es de día hay un sol y, en lugar de La Muerte, está la paloma que simboliza al espíritu de Dios atravesando el disco solar. Es un paisaje alentador.

Nunca supe bien a bien quién es el autor o autores de este mural porque no hay firma. Debo decir que tiene por lo menos 20 años y que siempre que pasaba con mis padres por ahí para ir a algún lado me emocionaba pasar junto para verlo.

Aquí el mural, no sé exactamente cuáles son sus dimensiones, pero se debe ver desde el otro lado de la calle:


Hubo un tiempo en que dejé de pasar por ahí y cuando volví me di cuenta que estaba en franco deterioro. No fue confeccionado para durar. Imagino que quienes lo hicieron tampoco esperaban que durara tanto o que afectara de tal modo a un par de niños.

No es que sea un mural comparable a los de Siqueiros o los hechos con aerosol, pero es algo significativo sin duda. Es casi como una metáfora de mí mismo. Las memorias de hace tiempo se están comenando a sentir así como el mural, afectadas por la humedad, el sol, la lluvia y el paso del tiempo. Tal vez es eso lo que me produce más nostalgia de todo.

lunes, 18 de mayo de 2009

Chomskyano, burkheimeriano-groenigniano-uematsinao, bloggero-feisbuquiano, jobsiano, liberal

Chale.

Entre lo que sucede en el trabajo, la presión de la tesis y mi propia neurosis he abandonado este espacio.

No es que no se me haya ocurrido nada, es simplemente que para cuando regreso a mis aposentos y me siento frente a la computadora, me pongo a hacer cosas, revisiones, revisiones y una que otra plática y todo lo que pensé en el día que podría ser un buen post, simplemente me parece, en ese momento, bastante elaborado o difícil de explicar. Me ocurre algo del tipo "no sé si lo voy a explicar bien". Y ya no lo excribo. Por el momento parece que voy ganándole la batalla a la indolencia.

Ayer en la noche, mientras me tomaba un café con E. Se me ocurrió decir algo como: "en el mundo sólo hay como 100 personas inteligentes, los demás somos una bola de tontos". E inicié una larga argumentación. Comencé diciendo que no me refería precisamente al I.Q. que posea cada individuo, sino más bien a la capacidad que tienen algunos para "ver todo el bosque" y cómo esos tipos logran posicionar una serie de elementos culturales que son compartidos por un espectro realmente amplio de personas. Quise argumentar que esto se da en todas las áreas de la vida humana (en sociedad).

Después traté de dividir [parafraseando el clásico libro de Bertil Malberg: "los caminos de la lingüística"] a la humanidad en "los caminos de la sociedad". Haciéndome [y proponiendo a su vez] la pregunta: ¿qué define a un ser humano occidental"? El ocio - la forma de pasar su tiempo vital - posturas religiosas.

Aparentemente muchos aspectos pueden embonar en esas clasificaciones: tipo de estudios, de modos de vida, de producción, música, costumbres sociales, vicios, programas de TV. Y un sin fin de elementos.

Pienso en mí mismo y trato de reducir lo más posible lo que soy, tomando en cuenta qué me motiva para hacer lo que hago y quién (o quiénes) inspiran o dictan las líneas de eso. De ese modo podemos decir que soy:

Profesión: Chomskyano
Ocios:Burkheimeriano-Groenigniano-Uematsinao [por Jerry Burkheimer, productor ejecutivo de series de investigación como C.S.I.; Matt Groening, creador de los Simpsons y Nobuo Uematsu, creador d elas sagas del RPG Final Fantasy]
Internet: Bloggero-feisbuquiano [paso el (85% de mi tiempo de internet en redes sociales]
Sistema Operativo-Gadgets: Jobsiano [Por Steve Jobs, impulsor-dueño y director de Apple]
Posición política-religión: liberal


Lo difícil en mi caso, por lo menos ahora, es pensar en mis posiciones literarias y musicales, son más eclécticas, pero estoy seguro que si busco con calma, puedo encontrar la constante que los une... ¿cómo ven? ¿Qué les sale a ustedes?

martes, 5 de mayo de 2009

Facts

1. Con horror he descubierto que soy un "roncón". Sí, soy una persona que ronca. Para entender la problemática del descubrimiento, queridos lectores, antes debo decirles lo siguente: creo que el mundo se divide en dos las personas que roncan y las que no, y en función de eso hay que considerar a las personas y sus esencias.

Para que usted amigo, amiga, homosexual, chario, lector, comprneda la gravedad del asunto debo remontarme un poco a la historia de mi vida. Provengo de una familia de osos y toda la vida he sufrido por ello. En las vacaciones padre-hijo he salido en la mitad de la noche para evitar escuchar los ronquidos de un padre indolente ante la situación. Claro, como él no los escucha. Siempre fui muy intolerante al respecto, toda la vida le he reprochado a mi padre el hecho de que no fuera considerado con nosotros y siempre me dio a entender que él no podía hacer nada al respecto. Empiezo a creer que es cierto.

Nada se puede hacer al respecto, las razones de los ronquidos no me quedan claras aún.


Pues bueno, es como si a ustedes les hubieran dicho que serían asesinos y hubieran luchado siempre por no serlos y al fina, en algún momento de su vida, asesinaran a alguien. La primera reacción sería negación, rechazo. Así me sucede. El amigo de una amgia que es médico dijo que los ronquidos son una cuestión genética, pero me niego a aceptarlo.

G. Me dijo que ronqué al o bestia, Genan dijo que he roncado las últimas veces que dormí cerca de ellos, mis hermanos dicen que ronco, E. sostiene que ronco como un camión desafinado. En lo que todos coincidimos es que no lo hice hasta hace poco. No roncaba. ¿De dónde proviene y a qué se deben mis reciente ronquidos? Me intriga.

En las últimas semanas he dormido muy poco tratando de poner atención en el momento en que comienzo a roncar, lo he logrado pero aún no sé cómo evitarlo. Me he dado cuenta que coincide con el momento en que el velo del paladar se supende sobre el dorso de la lengua y el aire pasa en el espacio entre ambos lo que provoca un fricación. Supongo que debo dejar más espacio libre.

2. Me gusta el mezcal

miércoles, 29 de abril de 2009

Todo está muy raro

Entre la fiebre del puerco, la crisis económica, el narcotráfico, drogas legalizadas el país y los espectaculares shoqueantes del partido verde, cualquiera podría decir que estamos en el hoyo de la desesperación, el miedo y la inseguridad. La verdad es que no. Yo me lo paso bien, salgo a la calle, compro café y me paseo, considerando que la gente está como ratoncillos metidos en su casa (los que no están en la playa), y las calles son de mi propiedad.

Esta imagen del país en ruinas no sé exactamente a quién le conviene, estoy seguro que a mí no ni a mi vecino.

Tengo una hipótesis, pero ya veremos qué pasa. Por lo pronto me limitaré a afirmar que todo está muy raro y que no me lo creo.

viernes, 24 de abril de 2009

Champagne supernova / Fables & Reflections

Como hoy me desperté temprano (más bien no pude dormir nada) pues muchas actividades reclaman mi atención, decidí que era buen momento para encender el bluetooth. Fue más fácil de lo que había pensado.

Ahora veamos si el video sube...

...un poco más... listo.




Hell of a party. ¿No se parece un poco a uno de esos viajes magníficos de Carl Sagan en los que se iba acercando a alguna estrella? Tambien se parece un poco al inicio del clásico The Pink Panter ¿no?


Además de esto encontré otro video en mi teléfono que había grabado hace un par de meses. Estaba por algún lado y de repente comenzó a soplar un viento muy fuerte. A todos nos tomó por sorpresa, pero éste amigo se quedó ahí parado, sin hacer, decir o quejarse de cosa alguna:



como no sé usar mi teléfono, lo grabé de lado y ahora no puedo voltearlo, así que ¿recuerdan el video de Kinky, ese en que hay que mirar de lado? Pues háganle así.

Será mejor que me vaya, o llegaré tarde.

miércoles, 15 de abril de 2009

Entumecimiento facial

Pues ya regresé a trabajar y me siento bien, cómodo, como había establecido en post's anteriores, es un trabajo que en cierta medida me da muchas cosas (aunque no tanto $ como quisiera). Pero en resumen digamos que lo paso bien.

En mi trabajo se requieren ciertas habilidades de socialización: se necesita tener paciencia y saber tanto demarcar bien el lugar propio como respetar el de los otros. La cuestión aquí es que hay un exceso de otros, no que sobre gente, pero así es la dinámica del trabajo.

Al final de la semana ocurren dos cosas: 1) debo haber memorizado el nombre de veinte personas nuevas sobre la marcha y 2) deseo meterme debajo de una piedra para no hablar con nadie.

Sucede que no soy precisamente del tipo parlanchín, aunque lo intento. Aquí el conflicto: cuando estamos en la calle (que es donde trabajamos) por lo regular voy acompañado de varios compañeros u otras personas, y todos invariablemente, tienen algo que contar quieren platicar de cualquier cosa, lo que en sí está bien, la situación es que yo no soy buen conversador 'casual' así que sólo me limito a hacer comentarios fáticos (ajá, órale que bien, tssss está canijo, etc) y me he pillado a mí mismo haciendo esto mientras esbozo una especie de sonricilla, entonces al final del día, tengo los músculos faciales entumidos. Que la gente quiera platicar está perfecto, nomás que lamento no ser un buen interlocutor.

viernes, 3 de abril de 2009

¿En qué se parecen?

Él...




Y él...






Ámbos me dan un poquito de lástima, pero almenos sólo uno terminó así:


La historia de México enseña muchas, pero muchas cosas... a ver qué piensan.

jueves, 2 de abril de 2009

El vicio

El problema de cualquier vicio, mejor dicho de cualquier vicioso es que perdemos la perspectiva. Yo estoy decidido a dejar de fumar, de verdad, pero pienso que no fumo tanto ni lo he hecho por mucho tiempo como para considerar dejarlo definitivamente.

Lo he dejado por períodos cortos, un mes, cinco semanas y así; sólo fumo por la noche, no cuando como, a veces cuando bebo café y siempre que hay una fiestecilla.

Como venía diciendo, no sé cuánto es suficiente, no sé cuánto es mucho:he perdido la perspectiva. Lo dejaré; no quiero, no ahora, no de golpe, pero lo dejaré.

martes, 31 de marzo de 2009

De manteles largooooooos!

Estamos celebrando el cuarto aniversario de este su blog de confianza.

Han pasado tantas cosas, desde peleas brutales e infantiles con tipos que no conozco, manoseo virtual y coqueteos inocentes. Nada que podamos decir, verdaderamente trascendente, pero aquí seguimos.

Lamento que en los últimos meses el blog se haya vuelto medio de hueva, pero la verdad creo que he perdido mi otrora juvenil chispa. Prometo enmendarme y cumplir la penitencia que sea impuesta por tal afrenta.

Saludos a todos, gracias por pasar a felicitarme.


=)
XOXO, los quiero mil.

Pd. Miren lo que me compré:


Se llama "set de oficina" y es la onda, no lo quiero ni abrir.